Un tiempo fuera del tiempo

Su rostro se enciende, sus palabras se hacen lejanía que acompañan sus gestos pero en forma de sonoridad muda. Su presencia se vuelve luz, es resplandor que acaricia pero no ciega.  Sus ojos se mueven suavemente, de aquí para allá, y su boca genera una mueca graciosa sobre su rostro que se inclina un poco.  Segundos, minutos antes de acostarnos; yo en una silla y ella guardando cosas en la heladera mientras hablamos de trabajo, del día, o de la razón de la existencia.

En ese momento lo sé. Cuando la toco con el corazón, y ella me toca con su belleza, con su pancita sobresaliente, con su nariz respingona y sus rulos revoltosos. En el momento que me niega, me cuestiona, o me alaba, siempre con esa actitud desafiante y tierna a la vez, con ese semblante y seguridad, entiendo porque mi mirada no puede apartarse de su presencia, de sus hermosos ojos.

Esta vez, por primera vez, amo a un ser humano. Y es maravilloso.

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El proxeneta tecnológico del verano 3.0

Un auto viaja por una ruta y pasa frente a un puesto de frutas. El vendedor, sentado a un costado de su mercadería, envía por celular el siguiente mensaje a los pobladores del balneario más cercano: “Ahí va el primero”, desatando una serie de sucesos que tienen como fin controlar las fuerzas humanas y de la naturaleza mediante el uso de tecnología celular. Dos secuencias a destacar:

1)      Un plano general presenta el interior de un departamento donde hermosas jovenzuelas, algo aburridas, descansan sobre un sillón. Un joven con el look estilista moderno,  les muestra una foto en su celular de una chica vestida de rojo y les dice “En 15 las quiero así”  corren a cambiarse, se ponen radiantes y se preparan para salir.

2)      Un plano detalle presenta la pantalla de un celular donde se lee “Manden chicas”. Acto seguido, una camioneta llega a un balnerario, y bajan un montón de señoritas en maya, mostrando sus jóvenes cuerpos y en actitud de jolgorio.

La publicidad pertenece al Grupo Claro y se llama Verano 3.0. La realización estuvo a cargo de Euro RSCG, producción Salado Films, con dirección de Cali Ameglio.

¿En que convierte la publicidad al cuerpo femenino?

El discurso tiende a una organización de sus elementos, en la cual les otorga un sentido particular en base a los fines narrativos y a la función social del género (en este caso la publicidad). Toda ficción reduce la capacidad infinita de sentido de un cuerpo humano a la necesidad de lo que debe ser y significar en función del desarrollo lineal de la trama. El problema es, que esta condición, suele ser la puerta de entrada de los estereotipos sobre el género femenino o masculino cuando se los presenta en la pantalla. El cuerpo femenino se convierte en soporte de una significación especial: pierde su entidad como sujeto y se convierte en objeto sexual al servicio de los caprichos del hombre. Cuando aparece en escena, el elemento que se exhibe y se potencia es la belleza, y la única performance permitida es la de la seducción o el ridículo cuando toma la palabra.

Las productoras de programas de entretenimiento y las agencias de publicidad, quieren convencernos de que la exposición del cuerpo femenino es sinónimo de igualdad, o por lo menos, transgresión artística original que rompe tabúes e instala nuevas tendencias. Pero la mujer objeto, cuyo único fin es mostrar sus piernas, su culo y sus tetas para provocar y excitar al hombre, no se ajusta a los requisitos de una afirmación positiva de la sexualidad femenina. Es un estereotipo antiguo, conservador y reaccionario, que reduce la condición femenina a una fantasía machista, donde la mujer es sólo sumisión de los caprichos del hombre.

Siguiendo la lógica del verano 3.0 de Claro, la mujer es reducida a una función y como tal, a la condición de objeto que desarrolla esa función: soporte de la belleza y de la provocación sexual en relación con los deseos del hombre. La tecnología en telecomunicaciones, que al fin y al cabo es lo que la publicidad está intentando colocar como producto, es el instrumento cuasi mágico que  prepara a las chicas y las trae a la fiesta. Una especie de proxeneta futurista que consigue mujeres hermosas y predispuestas, cual si fueran cervezas, de manera inmediata. Como la tecnología es ese poder increíble que lo maneja todo ¿Por qué no pedirle mujeres para nuestra satisfacción sexual?  El mensaje “manden chicas” va dirigido a Dios, y  en esta historia, Dios es la tecnología que envía una camioneta repleta de mujeres predispuestas a la fiesta. La publicidad expresa, cuando presenta el cuerpo femenino, la esencia del negocio de la prostitución como fantasía estereotipada del deseo sexual: la posibilidad de convertir a la mujer en un objeto.

Viajar en colectivo: un boleto hacia el abuso sexual según Yamaha Motors.

Una parada de colectivo y una fila de tres personas esperando el colectivo. Un plano general, que se convertirá en plano secuencia, muestra a una mujer joven, rubia, vestida de rojo y calzas negras; le sigue hacia atrás una señora mayor y un joven de camisa verde  que no deja de mirar el trasero prominente de la muchacha en un estado de desesperación sexual. La estética del corto se compone de una ambientación de la ciudad en madera donde se pueden ver bancos de plaza, fondo de casas, calles y un colectivo que llega a la parada; más una música alegre que se escucha durante cuarenta y siete segundos.

Primera situación: Llega el colectivo repleto de gente. La chica duda, pero la mujer mayor la empuja y la obliga a subir. Atraviesa un mar de gente e intenta sentarse. Un joven le gana de mano, toma el asiento, ella no lo nota y se deja caer sobre sus piernas. Se levanta sorprendida, el muchacho la mira con sonrisa picara, gira su cabeza hacia la ventana y pierde la mirada.

Segunda situación: ahora viaja de pie, detrás está el joven de la parada. Se tira encima y no guarda una distancia prudente. La está acosando, tocando, ella está incómoda pero atrapada por la gente.

Tercera situación: la joven se desplaza hacia la puerta trasera, baja y sorpresa: ¡está embarazada! Detrás, el mismo muchacho de la parada, el de camisa verde, la mira con cara de “que mosquita muerta”. La muchacha se mira la panza, mira hacia la cámara y alza los brazos apelando al famoso gesto “qué más da”  y luego se retira despreocupada por el margen izquierdo de la pantalla.

Esta publicidad se llama “Colectivo” y se proyectó el sábado pasado antes de una película en el Village de Recoleta. Pertenece a una campaña de Yamaha Motors Argentina en medios gráficos, radio, vía pública y por supuesto, en redes sociales como Facebook y Youtube.

No me quiero reír del abuso sexual


Es común en el discurso publicitario, que la imagen de la mujer se construya como objeto de los deseos del hombre; como máquina estúpida de la limpieza o mujer miedosa de la perdida de la belleza y el envejecimiento. La publicidad transforma los cuerpos de los sujetos en imágenes del deseo humano en relación con un producto o servicio para vender la idea de efectividad absoluta. La mujer representa lo que podríamos ser, o tener, si consumimos tal o cual mercancía de tal o cual marca, y para convencernos, utiliza la exageración y la emotividad para presentar lo que vende como lo único que sirve y da resultados. El sujeto que interpreta el discurso publicitario no es ni tonto o estúpido, no cree literalmente en las sugerencias publicitarias, incluso se sabe engañado, pero la estética y la narrativa de la publicidad, en sus formas particulares,  graba la marca del producto en la mente de los sujetos

El problema es cuando se decide utilizar en una campaña, temáticas que están ligadas a cuestiones sociales controvertidas, cuyo desarrollo debe guardar una estricta relación con el respeto a los derechos del ser humano; también cuando se los expone como elementos de una narración cómica, con la simple intención de vender un producto o servicio. En este tipo de circunstancias, el discurso publicitario desarrolla una opinión sobre un tema espinoso, y como lo simplifica hasta el punto de convertirlo en un motivo cómico de un sketch televisivo, lo único que puede expresar es una opinión reaccionaria o estúpida que termina por naturalizar la cuestión. Hay temáticas que pueden ser tratadas de forma cómica, y cuando adquieren un carácter crítico, el discurso se convierte en sátira. Pero otros, necesitan de cierta seriedad por respeto hacia lo que se presenta como conflictivo en su relación con las problemáticas sociales.  Lo serio no puede convertirse en cómico porque no es un procedimiento inocente: naturaliza lo que no debe naturalizarse.

Yamaha utiliza el tema del abuso sexual en espacios públicos como recurso para convencer a clientes potenciales de los beneficios de comprar un ciclomotor. Un hecho repudiable por donde se lo mire, se convierte en motivo de burla, se naturaliza, y cuando nos damos cuenta nos estamos riendo de una violación. Es cierto que el discurso publicitario necesita de simplicidad y juego de exageraciones, pero por sus limitaciones naturales hay temáticas que no debe representar de manera irresponsable. El miedo al acoso como recurso para vender confort vehicular, tiene que ser un límite. No es cómica la posibilidad de que una mujer sea abusada en un transporte público; es increíble que una empresa desarrolle una publicidad semejante y surrealista que haya gente que considere original este tipo de aberraciones.

Sebastian Borreani.
https://poesiaensegundos.wordpress.com/

sborreani@hotmail.com.ar