Ser arrojado a la existencia

El ser arrojado a la existencia es finitud que se extiende en la eternidad del ser, como lo otro, distinto a lo que fue  y que ya no será.  Es en sus circunstancias pasado que se actualiza en el presente, y el presente es el ser y sus circunstancias. La vida es la vivencia, vivir es lo literal del verbo, estar ahí, fluir ahí, ser en tanto fluir en el ser. Fluir en el ser es atravesarlo y ser afectado, ser afectado es la esencia misma del ser arrojado a la existencia y en la existencia.

El efecto queda en el ser como determinación del fluir, y las circunstancias, que determinan la calidad del efecto, pueden ser variables. ¿Quién determina las circunstancias? El ser arrojado a la existencia como totalidad incompleta, como necesidad de lo uno que es todo y a la vez no es nada, porque no tiene consciencia de ser todo. Pero la vivencia es el estado, la plenitud, la forma, el ser ahí del ser arrojado a la existencia. Su extensión en el ser es el ser mismo, todo está ahí, no hay puntos por fuera de la vivencia ya que el ser es la vivencia o es vacío, y el vacío no puede ser, no tiene lugar más que como pretensión de la imaginación.

La vivencia se relaciona de manera afectada con el ser. Sufre el efecto y entrega el efecto a lo existente, y en tanto toma y entrega crea lo existente mientras se crea a sí misma.. La totalidad es conexa, actúa sobre todos sus momentos, y todos los momentos, en su fluir en el ser, afectan a la totalidad.  La esencia del ser en la existencia, la vivencia, es verse afectado y afectar a todos los demás sin consciencia de ello, sin pretenderlo, sin enterarse jamás de aquello que lo hace eterno en la extensión inacabada del ser. Un simple paso, una mano hacia la izquierda, una mirada, una palabra, todo es conexión con el ser, todo es energía y movimiento que impactan en cada momento.

El ser se constituye en la vivencia y por la vivencia. En ella encuentra el contenido de sus palabras, la fuerza de sus principios, pero la vivencia no es concepto, no es idea. La vivencia es lenguaje del ser que habla al ser y se basta a sí misma. Como substrato de esa creación,  la vivencia también crea a la palabra. La palabra, es la intención de de captar la vivencia más allá del ser ahí.  Es necesidad, y es hábito, pero antes que nada es expresión de la relación entre el ser arrojado a la existencia y el ser, deseo de dar cuenta de los aspectos que en tanto vivencia, es él puro fluir.

Como la mano pintada en la caverna, o las huellas de pisadas en la arena, son pruebas de la existencia, gritos en el medio de la marea del ser para probar que se es, que se está ahí.  Intención de capturar la vivencia, de transmitirla, pero también de ignorarla, de ocultarla; el lenguaje es la puerta de entrada de la experiencia del ser hacia el ser que da cuenta de sí mismo a través de la interpretación. Interpretar es cosificar, desprender la vivencia del ser y atraparla entre las palabras que dan cuenta de ella.  Interpretar es buscar la verdad, pero la verdad no existe como tal, solamente su búsqueda. Y se puede buscar la verdad al mismo tiempo que se la esconde.

En tanto fluir en el ser, la vivencia puede ser igual a sí misma. El ser es en sus circunstancias y sus circunstancias pueden ser fijas, y en tanto voluntad, el ser en sus circunstancias puede  fluir hacia lo mismo una y otra vez. Allí donde impera la repetición, no existe la vivencia más que como recuerdo del principio, como seguridad y resguardo del ser en la existencia. No hay búsqueda de la verdad en lo que es igual a sí mismo, ni hay forma de que la vivencia plasme sus huellas en el espíritu del ser. El espíritu del ser es la voluntad de hacer como expresión de la experiencia, y la experiencia es la huella de la vivencia en el ser ahí.

 Pero el ser ahí, fluyendo siempre en la misma dirección, una y otra vez, es repetición que mata al espíritu y devora la experiencia.  Imposible dar cuenta de esta situación a través de la palabra, porque esta nace de la vivencia, y al convertirse en repetición, ya no es más que un eco lejano. Un ser arrojado a la existencia, en tal situación, necesita ser afectado en lo más íntimo por la fuerza de un efecto que lo atraviese con una nueva vivencia, para que en su espíritu se plasme la experiencia.

El ser ahí, del ser arrojado a la existencia, es en las circunstancias. En el fluir del ser ahí, las circunstancias son creadas, pero creación no es lo original. Creación puede ser movimiento creativo del ser en formas siempre iguales, y aún si distintas, similares en esencia. El ser crea la jaula del ser porque vive la existencia como azar de lo común, no como voluntad creadora, y en el azar reina el miedo, la incertidumbre y el ser se vuelve contra si, se extraña de si mismo, e instaura la ficción del poder y la dominación, volviéndose amo o siervo, pero esclavos del miedo al azar y al eterno retorno hacia la nada.

La búsqueda de la verdad, es en sus momentos como el ser, y emerge en tanto creación originaria o no emerge en lo absoluto. El ser ahí debe atravesar la vivencia como voluntad o arrojado a la voluntad y el efecto marca en el espíritu del ser la huella de la experiencia. Emerge entonces, de la noche del ser, la verdad como momento, capaz de convertirse en principio o no, pero siendo ya constituyente del ser.

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Máscara

Tarea difícil definir lo que una máscara es. No cubre el rostro por completo ya que  termina en los límites de la piel humana y siempre deja algo al descubierto. La rosada presencia de la piel es persistente, dura de borrar. Asoma, como dijimos ya, en los límites de la máscara, y no podría ser de otra forma. Es por que la piel le presta sus contornos que puede para ser algo situado y distinto. Sigue leyendo