Derribando mitos: Historia del pueblo Argentino de Milciades Peña

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Los ensayos históricos pueden ser dos cosas. Versiones interesadas en pulir el falso bronce de los dioses del panteón nacional, o un intento sincero de aproximarse al entendimiento profundo de los hechos pasados y de los hombres que participaron de nuestra historia. Después se podrá decir si estos intentos sinceros fueron o no fructíferos, pero al menos la voluntad de basarse en cierta objetividad es ya todo un mérito que merece reconocimiento. El libro “Historia del Pueblo Argentino” de Milciades Peña, reeditado para nuestro goce por la editorial EMECÉ, es precisamente un clásico en esa línea.

En su libro,  Peña coloca sobre el escenario histórico figuras representativas de las diferentes facciones que luchaban por el poder después de la revolución de mayo ( y durante la misma) para demostrar la tesis principal del libro de que las oligarquías argentinas más poderosas de la incipiente nación (las que se encontraban en la ciudad y en la provincia de Buenos Aires) jamás quisieron ir más allá de su cómoda posición como terratenientes latifundistas o comerciantes de productos ingleses en el territorio nacional. Según el autor, todo proyecto de unificación territorial o de economía nacional era promovido y limitado en base al interés de sostener esta posición. Simple, terrible y decepcionante, pero es nuestra historia. Prácticamente desde la Revolución de Mayo, hasta la segunda presidencia de Roca, todos los gobiernos argentinos fueron pro ingleses y entreguistas, sólo que en progresión ascendente Rosas lo fue menos que Urquiza, Urquiza que Mitre, y Mitre menos que Juárez Celman (gobierno tan entreguista de la economía argentina que genera en la oligarquía el miedo a perderlo absolutamente todo, y vuelcan su apoyo a la revolución del 90 de Alem.) ¿Y Perón?  Perón tampoco se salva, y si bien se le reconoce el apoyo popular que supo ganar el General en base a cumplimiento con los reclamos postergados de la clase obrera argentina, también se le achaca de entendimientos con los ingleses y bonapartismo a la criolla.

Nuestros próceres tienen pies de barro, y si hay que señalar culpables, acusemos a esa historia berreta de escuela, de estampitas nacionalistas, que siempre nos vendieron el bronce pulido de los padres de la patria. Mal actual, mal de siempre, los argentinos vivimos de idolatría porque convertimos a los humanos en dioses. De eso no tiene la culpa Peña sino la lógica del interés (el de los grupos cercanos a tal o cual figura) o la ignorancia de los que hacen de todo una cuestión de fe. Y la objetividad histórica no tiene favoritos, si el historiador decide pararse críticamente frente a los hechos, tiene la obligación de mostrar al hombre en sus contradicciones, y en lo que respecta a la historia argentina, en sus tragedias y miserias típicas. Y vale decir, nuevamente, que en esto el libro de Peña se convierte en una gran herramienta para pensar nuestro presente. Figuras como Rosas, como Yrigoyen, como Perón, fueron sacralizadas o satanizadas según el interés en construir una u otra mitología, porque era y es fructífero para nuestras intenciones presentes hablar de héroes populares, pero no de seres humanos con intereses de clases, sumergidos en contradicciones históricas donde por una parte permanecen de pie, y al mismo tiempo avanzan hacia delante. Pero el panteón de héroes, la mitología reaccionaria, peronista, radical o de la izquierda bobalicona, será misión de los partidos de turno con interés en movilizar a la masa fomentando la obediencia ciega y eliminando el pensamiento crítico. Libros como los de Peña son todo lo contrario. Llaman a ver sin anteojeras a nuestros benefactores, y quizás en un futuro no muy lejano, la sociedad argentina evolucioné al punto de cambiar la obediencia ideológica por la libertad del pensamiento crítico frente a sus ídolos. Se aprovechará más la experiencia del pasado, de sus errores (interesados o no), para construir un futuro distinto plagado de errores nuevos, y no los mismos de siempre.

 

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