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A cuarenta años del golpe de estado en Chile/ El último discurso de Allende.

“Acércate a mi clamor,
pueblo de mi misma leche,
árbol que con tus raíces
encarcelado me tienes,
que aquí estoy yo para amarte
y estoy para defenderte
con la sangre y con la boca
como dos fusiles fieles.”

“Sentado sobre los Muertos” Miguel Hernández

Pensemos la situación tan solo por unos segundos, imaginemos nuestro costal de huesos en el lugar de Allende. Las tropas de la derecha golpista, las fuerzas armadas que dejaban de lado las máscaras y se ponían nuevamente la cadena en la boca de sus verdaderos dueños, estaban atacando la casa de gobierno. En todas partes la patria que Allende quería armar en base al compromiso político de todos los sectores, se quebraba por la fuerza de las bombas y tanques de los que jamás habían creído ni por un segundo que en la mesa de la nación podían comer los ricos y los pobres. La nueva revolución pacífica del Espartaco de la pluma y la palabra quedaba sepultada por la sanguinaria disposición de aquellos que jamás fueron sus aliados.

Cualquier temple se dobla frente al sueño hecho añicos. Los verdugos habían puesto las cosas de pie, porque antes estaban de cabeza, o al menos esa era la ilusión deseada. La muerte estaba literalmente arrancando las puertas de la moneda, surcando con bravo golpe de botas rancias las escaleras del palacio. Y el hombre de la calma infinita, el coloso titán de temple de acero, pronuncia su último discurso con la tranquilidad más absoluta. Es el discurso más pasional de su vida, y será también el último, pero su voz es inquebrantable, no hay titubeos, no hay respiración agitada. Su voz es firme, segura, dibuja con tono grave circunstancias futuras totalmente ajenas a ese momento tan vergonzoso de la historia Chilena, como si quisiera decir que allí no se termina la historia. Con la seguridad de los profetas, le asegura a su pueblo que el día llegará, como llegaban en ese momento los militares al segundo piso de la moneda, donde el presidente los esperaba con una ametralladora, un casco de minero en la cabeza, y la firme convicción de morir defendiendo su puesto.

“En estos momentos pasan los aviones. Es posible que nos acribillen. Pero que sepan que aquí estamos, por lo menos con nuestro ejemplo, que en este país hay hombres que saben cumplir con la obligación que tienen. Yo lo haré por mandato del pueblo y por mandato consciente de un Presidente que tiene la dignidad del cargo entregado por su pueblo en elecciones libres y democráticas. En nombre de los más sagrados intereses del pueblo, en nombre de la Patria, los llamo a ustedes para decirles que tengan fe. La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen. Esta es una etapa que será superada. Este es un momento duro y difícil: es posible que nos aplasten. Pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores. La humanidad avanza para la conquista de una vida mejor.” (http://www.agencianexo.com.ar/especiales/a-40-anos-del-golpe-militar-en-chile-el-ultimo-discurso-de-salvador-allende/)

 Le habla a su pueblo, separándolo de los traidores, como aceptando en la hora final que el pueblo chileno es el trabajador de las minas y de la fábrica, el ama de casa, el estudiante comprometido, los postergados, los que siempre pagan y seguirán pagando después del asesinato de Allende la ofensa de imaginar una patria para todos.  Y quizás, la lección objetiva de su asesinato, es la declaración final que reconoce esa sabía verdad de que los poderosos no entregan el poder, de que la derecha se compromete solo con la conspiración. Gran lección para nuestro pueblo argentino en momentos donde la derecha argentina demuestra con creces que sabe esperar agazapada, conspirando mientras aprovecha las regalías que los gobiernos entregan a cambio de su caro respeto.

 No le habla a esa parva de traidores cogotudos y asustadizos de la clase media que enseguida forman filas detrás de los amotinados, mucho menos a esos militares mercenarios que no conocen más patria que la que viene en dólares con la cara de Benjamín Franklin. Tampoco les habla a los políticos de la oposición que lo habían sacrificado al dios del fascismo, ni a la corte suprema de justicia que lo había desconocido. El hombre de la patria, de la verdadera patria,  le habla a su pueblo, a los que depositaron su voto y la confianza en su gobierno, al hombre que por primera vez los vió como seres humanos plenos de derechos. Y como el padre cariñoso de una nación que se hunde, a punto de llegar la noche más oscura, les susurra suavemente que se sacrifica por todos, que ellos no tienen que derramar más sangre que la que saldrá de sus venas cuando cumpla con honores el evangelio de Miguel Hernández, poniendo el pecho frente a las balas ancho como las paredes.

“En todo caso yo estoy aquí, en el Palacio de Gobierno, y me quedaré aquí defendiendo al Gobierno que represento por voluntad del pueblo. Lo que deseo, esencialmente, es que los trabajadores estén atentos, vigilantes y que eviten provocaciones. Como primera etapa tenemos que ver la respuesta, que espero sea positiva, de los soldados de la Patria, que han jurado defender el régimen establecido que es la expresión de la voluntad ciudadana, y que cumplirán con la doctrina que prestigió a Chile y le prestigia el profesionalismo de las Fuerzas Armadas.”

(http://www.agencianexo.com.ar/especiales/a-40-anos-del-golpe-militar-en-chile-el-ultimo-discurso-de-salvador-allende/)

 Y es un error. La derecha golpista no necesita provocaciones. Le basta la orden del amo y la paga en dólares para voltear gobiernos. El gran prohombre del socialismo no quiere la guerra civil, pero la guerra ya era un hecho. Los militares tenían la convicción de hacer su guerra sobre el pueblo chileno, quisiera este defenderse o no. Dice Gabriel García Márquez en “La verdadera muerte de un presidente”: “Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable que lo había declarado ilegítimo pero que había de sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la voluntad de los partidos de la oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que él se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro.” (http://www.agencianexo.com.ar/especiales/la-verdadera-muerte-de-un-presidente/)

Pero frente al error del padre cariñoso que se sacrifica por sus hijos, la historia de su valor es suficiente motivo para rescatarlo del olvido, no solamente como hombre de palabra, equivocado o no, sino como ejemplo de lucha.  Su vida es, con sus errores, una página de nuestra historia que debe ser rescatada frente al presente de Chile, tan marcado aun por las sucias botas de ese fantasma que aun recorre América latina. Que no vive en las imágenes de archivo de la última dictadura militar, ni en los grupos de fascistas o idiotas que lo idolatran como el salvador (vaya a saber uno hasta donde avanza la mentira que se convierte en negación); sino en las políticas económicas que aún sumergen a Chile en la pobreza y en el sistema judicial que sigue siendo la regla misma con la cual los poderosos miden el poder de su acción y la privación de los derechos de los humildes.

Rescatar el programa de construir una patria para todos, la idea detrás del hombre, y la experiencia de lucha que lo llevo a morir por esa idea. Eso es para toda América Latina, para cuando a la hora de la llamarada, podamos responder contra el golpe mercenario de la derecha conspirativa y sus aliados. El hombre de la paz, como lo llamó Benedetti, nos entregó en su sacrificio la enseñanza de que si la historia no tiene un destino manifiesto y glorioso para el trabajador, es porque la derecha trabaja incansablemente en contra de todos los gobiernos de izquierda, sean muy progresistas o muy poco. En nosotros está encontrar, frente a esta verdad, el camino a seguir.

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Sebastian Borreani
Director general de Agencia de Noticias Nexo
Dirección editorial en Revista Industria Argentina
Coordinador general de Sentido Creativo/ comunicación estratégica
Twitter: @sborreani
Skype: sencreativo
Mail: Info@sentidocreativo.com.ar
Cel: 1534882545

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Esencia de humanidad‏

A veces uno quisiera ser árbol o gato,
cualquier cosa menos humano.
Piedra, hoja en el suelo.

¿Muerte quizás?

Pero muerte en el medio de la vida.
Algo inerte que forme parte de todo
pero que no lo toque jamás.

Lo intangible, lo etéreo,
sueño maravilloso de quien sufre la existencia.
Ser nada en el medio de todo

Pero la vida no es eso.

La vida es ser y sufrir, mil veces sufrir el ser.
Subir y bajar la montaña llevando el insoportable peso de las rocas.
Sí, vivimos como Sísifo,
porque el dolor es una proclama,
un manifiesto frente a las circunstancias.
Un grito de furia,
un llamado de atención que nos afirma en la existencia.

El dolor es una señal
de que a pesar de todo
nos obstinamos por estar ahí,
en el ojo del destino,
planeando en la turbulencia.

Y la vida duele porque es maravillosa.
Porque nos da la oportunidad de escupirle la cara
cada vez que nos desafía a probar que existimos
en el medio de todo, y a pesar de todo.

Mas que el árbol forrado,
que la roca grosera y desnuda,
somos locura viva,
delirio que mira el fuego con ojos desorbitados.
Eso es lo humano.

Espacios y rupturas II‏

Dentro del coloso de cemento y hormigón, el espacio se reduce a corredor de hamster, con sus lujos por supuesto. La muralla principal, el acceso a la ciudadela del consumo, son 1O metros de cristales que se empotran en la cúpula. La luz del sol se abre como un abanico entre los limpios cristales, transparentes como agua pura, y baña el inmenso hall de entrada. Pero allí, tan magnífica, muere sin poder dar un paso mas.

La arquitectura del DOT, como buen corredor de cobayos, despliega la luz como espectáculo carnada. Reservada para señalar y confortar al transeunte solo en el hall de entrada, luego debe morir como atracción principal y cumplir una función utilitaria. Los grandes vitrales se convierten en pequeñas ventanas que como reflectores, aquí y allá, dirigen la mirada a las vidrieras.

El espacio se configura como cinta transportadora de tracción a sangre movida por pies humanos. La cabeza puede girar de izquierda a derecha, de arriba a abajo, pero lo importante esta a los costados, el suelo es puro brillo de limpiador de baldozas , el techo es inalcanzable y oscuro.

La luz muere como espectáculo, porque el espectáculo son las despampanantes vidrieras, y el lujo arquitectónico de la ciudadela (o la estética llamativa de las vidrieras) son simple ornamento. No se lo goza como arte, se lo decodifica como señal, como índice efectivo de la dirección de la mirada.

Espacios y rupturas

16782El shopping DOT Baires es una mole de concreto que se yergue sobre una colina  a metros de Barrio mitre; 6 manzanas pegadas de casas humildes entre las calles Correa, Posta, Arias y Melián, que conforman un barrio dentro del barrio de Saavedra.

Tal fuerza tiene el lenguaje y sus palabras que el sustantivo se vuelve adjetivo calificativo e inscribe en el espacio una distancia a manera de rótulo locuaz. Ustedes son “otro barrio”, “otro mundo”, un no Saavedra.  Así el lenguaje separa a los propios y ajenos, y a manera de recordatorio eterno de esa distancia infranqueable, construyeron encima un castillo de lujo como recordándoles quienes están arriba y quienes abajo.

 Una invitación a pasear por el lujo mas nunca tenerlo; simple y eficaz consumo simbólico que no reemplaza del todo el consumo material, pero la invitación a entrar en la meca del mercado está hecha, y con ella se declara la justicia democrática del sistema. “Todos entran, de todo hay, para todos los segmentos de consumidores, ya que todos tienen algo de efectivo” Promesa del Shopping que resume con descarada simpleza su esencia natural. “Aquí todos pueden comprar, porque hay de todo, y el lujo del espacio a recorrer, uniformemente acondicionado para que su mirada se dirija hacia las vitrinas, es una ofrenda hecha en honor a la democracia del mercado”

 Antes del DOT había terrenos vacíos, libre colina en la cual seguír expandiendo el pueblo pobre su extensión. Frente a este temor, se cercaron los terrenos y comenzaron a construir sobre ellos un supermercado Auchan. En el 2001 la crisis barrió con el proyecto y la construcción quedó abandonada hasta la llegada del coloso. A los humildes habitantes de Barrio Mitre se les prohibió ocupar pero se los invitó a pasear y comprar al menos una cajita feliz, o unos trapos de piso o quizás unas lapiceras chinas con forma de pececitos.

A cambio se les exige soportar de vez en cuando que el shopping abra las temibles compuertas que drenan ríos hacia el barrio, ya que la superficie cubierta por capas de concreto no puede absorber el agua que inunda sus lujosos estacionamientos.

Pagan el precio de pertenecer y no pertenecer, las dos cosas al mismo tiempo.

Sebastian Borreani

@sborreani

Poesía en segundos www.poesíaensegundos.wordpress.com