Oaky debe morir/ o como podríamos apropiarnos del Halloween.

Recuerdo que tenía algunos años de vida y cuando llegaban los primeros calores del verano también llegaban los festejos de carnaval, que solían celebrase en las plazas públicas. Era usual disfrazarse, llevar máscaras, pintarse la cara, y las personas tomaban las plazas como punto de encuentro donde el carnaval revivía cada año haciendo del encuentro del pueblo el espectáculo.

Ese carnaval, al menos en nuestra ciudad, desapareció por completo. El nuevo carnaval que agrupa muchedumbre en las calles y no en las plazas, y que hace de la presentación de murgas sobre un escenario el centro de atención del evento, dejo de ser una fiesta y se convirtió en espectáculo. Los vestidos coloridos con lentejuelas ya no cubren la piel del pueblo. Fueron desplazados hacia los murguistas que circulan por las calles o arriba del escenario. Ahora el pueblo es público, no participa al menos que forme parte de algún corso.

Quise comenzar con esta referencia al viejo carnaval para resaltar una ausencia, un ritual urbano que desapareció hace muchos años y que cuando regresó no era lo mismo. Me sirve de pie para ejemplificar dos cosas: la primera es que las tradiciones culturales van cambiando hasta ser en determinado momento, algo muy distinto a lo que eran. No es bueno, ni malo, simplemente es una forma natural de existir en el tiempo de la cultura. Lo segundo es que Halloween, sin dejar de ser el producto de una imposición hegemónica, rescata ciertos aspectos del carnaval antiguo que son universales a todas las culturas, y que puede, o podría si se lo apropiara adecuadamente, satisfacer una demanda plenamente popular: la celebración donde el pueblo toma la posta y se reúne para mostrar un cuerpo mágico y místico que puede ser varios cuerpos distintos en uno. El niño (porque esta es una festividad para ellos) rompe la monotonía del ser y potencia su imaginación mediante los disfraces. Si reproducen las figuras de la dominación hegemónica, en especial los monigotes de Pixar,  sería bueno pensar en que otras opciones les estamos brindando para identificarse a la altura de su imaginario infantil, y pensados para este imaginario infantil.

La cultura en movimiento

Los detractores de las fiestas foráneas gustan de imaginar una tradición cultural heredada, cerradita y en bloque dentro de nuestras fronteras, que son amenazadas por niños vestidos de brujos o brujas. Los defensores de las celebraciones norteamericanas (porque parecen siempre defender solo lo que viene del norte) hacen lo opuesto-igual defendiendo otro bloque cargado de tradiciones y costumbres extranjeras que debemos incorporar sin cuestionamientos. En ambos la cultura es un paquete que se hereda o se instala, una serie de reglas rígidas operativas que no pueden correrse un centímetro. En ambos la cultura es víctima de la tradición, propia o ajena.

Es un falso debate, en el sentido de que se preparan los argumentos para no discutir sobre nada en particular. En el medio, Facebook se convierte en galería bizarra de imágenes que no resisten una sola observación a un lado u otro de la lanza. Vemos desfilar a un Patoruzú arremetiendo contra el Halloween, cuando Patoruzú es el símbolo más perfecto del aplastamiento del mundo indio por el mundo occidental. Defensor de las leyes nacionales y de la propiedad privada de los estancieros honorables, representa el deseo de la oligarquía de una época de un indio amaestrado, fiel perro defensor del amo y nacionalista. Un indio que defiende con la fuerza brutal de recetas ancestrales (porque tiene de indio la tosquedad y la fuerza bruta, rasgos que le confiere su creador) el orden político, económico y moral que asesinó a su pueblo. También se podría recordar que Quintero era un xenófobo racista (algo que expresaba abiertamente en sus tiras, despachando insultos a judíos y chinos) o que la imagen de Patoruzú fue utilizada por el proceso, o que saludaba desde una de sus tiras el golpe de Uriburu. Ustedes elijan, o mejor dicho, no elijan a este personaje, que además está inspirado en un indio rastreador que ayudó a Roca a entregar a sus hermanos a cambio de tierras en la nefasta campaña del desierto.

Del otro lado los fanzines denuncian con crítica satírica, que los detractores del Halloween olvidan el origen extranjero de la navidad, lo cual es muy cierto, pero la religión católica  es mucho más regional que la famosa fiesta sajona, y muchos católicos celebran en la misma noche de navidad el nacimiento de su profeta. Esta simpleza es muy burda, o si se quiere, ingenua. Un análisis más profundo nos lleva a una pregunta básica: sí, es cierto que celebramos y tenemos muchas costumbres que nacieron en otros países ¿Pero por qué hemos incorporado esas y no otras? ¿Por qué estamos celebrando el día de los muertos a la americana, y no a la mexicana o la nicaragüense, países con tradiciones tan ricas y diversas como el Halloween? La tabla rasa de la aceptación plena de todo ritual extranjero borra del mapa la necesaria observación sobre unas relaciones de dominación que contribuyen, a través del mercado, a impulsar ciertas celebraciones y estrictamente en cierto sentido. La falta de cuestionamientos, probablemente, responda al buen negocio que representa el Halloween, como toda fiesta importada del norte, cuyo sentido real termina siendo la compra de artículos varios relacionados con la festividad.

El camino inverso hacia el rescate de lo nacional

Una posible respuesta sería no atacar el Halloween, sino apropiarlo, transformarlo en un carnaval del día de los muertos donde el pueblo se convierta en su propio espectáculo, ocupe las calles y se reencuentre con su barrio. Luchar contra la hegemonía es usurparla, porque el poder más grande en el que se sostiene es la natural tendencia de la cultura a absorber según los contextos de interacción entre los pueblos. El nuestro está marcado por la penetración extranjera de los medios de comunicación, red extensa que vamos a ir deconstruyendo de a poco. Pero mientras tanto, la hegemonía es algo muy real que se combate con la apropiación y resignificación, al punto de que puede llegar a resucitar viejas tradiciones no muertas, pero sí enterradas. Vuelvo al principio, específicamente en dos puntos. Hay motivos de sobra para incorporar el Halloween a nuestras festividades, siempre y cuando lo apropiemos a nuestra manera. La fuerza de los medios de comunicación, cuando son hegemónicos, se puede utilizar en su contra si usamos su energía para impulsar nuestras propias formas dentro de sus rituales. Ellos seguirán imponiendo el Halloween, pero será nuestro día de los muertos, con nuestras figuras, nuestro encuentro en la calle o en la plaza, nuestra celebración de la vida en el inmenso cuerpo popular del carnaval. Nuestra venganza es resucitar en sus rituales, pero en nuestras formas (las que elijamos que sean).

 Esto requiere también un planteo no menos importante respecto de las figuras que los chicos pueden tomar para disfrazarse. Sí hay muchos monigotes verdes de Monster INC, es porque la industria argentina les debe a nuestros chicos unos buenos personajes de animación, con historias que involucren sus calles, paisajes y conflictos. ¿De qué se van a disfrazar los chicos si desde el territorio nacional les seguimos ofreciendo un indio estanciero y traidor a su pueblo, o la tropa de Hijitus en  Trulala, personajes atrasados en el tiempo que fueron pensados para un público infantil que ya no existe? ¿Qué culpa tiene el chico sí se disfraza de Ben 10, o Los increíbles, o los X-Men, si frente a la usina imparable de tiras animadas que produce la compañía norteamericana Cartoon Netwoork, las películas digitales de Pixar, los fantásticos dibujos futuristas de Marvel y DC, o los mangas Japoneses, les seguimos mostrando una tortuga que se fue a Pejuajo y un personaje arrabalero como Pucho que ya no tiene cabida en el mundo infantil, que ya no representa nada de su entorno?  Definitivamente, Oaky debe morir.

Hay que crear un mundo de personajes nuevos, nacionales, latinoamericanos,  que desplacen de las mentes infantiles los personajes extranjeros, no porque muchos de ellos no nos sean útiles (a decir verdad, muchos de ellos representan valores humanos excelentes, y muchos dibujos de Cartoon Network son increíblemente imaginativos), sino porque la manera de luchar contra la hegemonía no es prohibir una festividad (cuyo éxito, repito, tiene que ver con la capacidad tecnológica de las empresas extranjeras de llegar a cada televisor en el territorio, y sobre todo, a las grandes metrópolis del continente) si no ofrecer alternativas a la altura de la competencia con las cuales los chicos se puedan identificar.

@sborreani

www.poesiaensegundos.wordpress.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s