Oaky debe morir/ o como podríamos apropiarnos del Halloween.

Recuerdo que tenía algunos años de vida y cuando llegaban los primeros calores del verano también llegaban los festejos de carnaval, que solían celebrase en las plazas públicas. Era usual disfrazarse, llevar máscaras, pintarse la cara, y las personas tomaban las plazas como punto de encuentro donde el carnaval revivía cada año haciendo del encuentro del pueblo el espectáculo.

Ese carnaval, al menos en nuestra ciudad, desapareció por completo. El nuevo carnaval que agrupa muchedumbre en las calles y no en las plazas, y que hace de la presentación de murgas sobre un escenario el centro de atención del evento, dejo de ser una fiesta y se convirtió en espectáculo. Los vestidos coloridos con lentejuelas ya no cubren la piel del pueblo. Fueron desplazados hacia los murguistas que circulan por las calles o arriba del escenario. Ahora el pueblo es público, no participa al menos que forme parte de algún corso.

Quise comenzar con esta referencia al viejo carnaval para resaltar una ausencia, un ritual urbano que desapareció hace muchos años y que cuando regresó no era lo mismo. Me sirve de pie para ejemplificar dos cosas: la primera es que las tradiciones culturales van cambiando hasta ser en determinado momento, algo muy distinto a lo que eran. No es bueno, ni malo, simplemente es una forma natural de existir en el tiempo de la cultura. Lo segundo es que Halloween, sin dejar de ser el producto de una imposición hegemónica, rescata ciertos aspectos del carnaval antiguo que son universales a todas las culturas, y que puede, o podría si se lo apropiara adecuadamente, satisfacer una demanda plenamente popular: la celebración donde el pueblo toma la posta y se reúne para mostrar un cuerpo mágico y místico que puede ser varios cuerpos distintos en uno. El niño (porque esta es una festividad para ellos) rompe la monotonía del ser y potencia su imaginación mediante los disfraces. Si reproducen las figuras de la dominación hegemónica, en especial los monigotes de Pixar,  sería bueno pensar en que otras opciones les estamos brindando para identificarse a la altura de su imaginario infantil, y pensados para este imaginario infantil.

La cultura en movimiento

Los detractores de las fiestas foráneas gustan de imaginar una tradición cultural heredada, cerradita y en bloque dentro de nuestras fronteras, que son amenazadas por niños vestidos de brujos o brujas. Los defensores de las celebraciones norteamericanas (porque parecen siempre defender solo lo que viene del norte) hacen lo opuesto-igual defendiendo otro bloque cargado de tradiciones y costumbres extranjeras que debemos incorporar sin cuestionamientos. En ambos la cultura es un paquete que se hereda o se instala, una serie de reglas rígidas operativas que no pueden correrse un centímetro. En ambos la cultura es víctima de la tradición, propia o ajena.

Es un falso debate, en el sentido de que se preparan los argumentos para no discutir sobre nada en particular. En el medio, Facebook se convierte en galería bizarra de imágenes que no resisten una sola observación a un lado u otro de la lanza. Vemos desfilar a un Patoruzú arremetiendo contra el Halloween, cuando Patoruzú es el símbolo más perfecto del aplastamiento del mundo indio por el mundo occidental. Defensor de las leyes nacionales y de la propiedad privada de los estancieros honorables, representa el deseo de la oligarquía de una época de un indio amaestrado, fiel perro defensor del amo y nacionalista. Un indio que defiende con la fuerza brutal de recetas ancestrales (porque tiene de indio la tosquedad y la fuerza bruta, rasgos que le confiere su creador) el orden político, económico y moral que asesinó a su pueblo. También se podría recordar que Quintero era un xenófobo racista (algo que expresaba abiertamente en sus tiras, despachando insultos a judíos y chinos) o que la imagen de Patoruzú fue utilizada por el proceso, o que saludaba desde una de sus tiras el golpe de Uriburu. Ustedes elijan, o mejor dicho, no elijan a este personaje, que además está inspirado en un indio rastreador que ayudó a Roca a entregar a sus hermanos a cambio de tierras en la nefasta campaña del desierto.

Del otro lado los fanzines denuncian con crítica satírica, que los detractores del Halloween olvidan el origen extranjero de la navidad, lo cual es muy cierto, pero la religión católica  es mucho más regional que la famosa fiesta sajona, y muchos católicos celebran en la misma noche de navidad el nacimiento de su profeta. Esta simpleza es muy burda, o si se quiere, ingenua. Un análisis más profundo nos lleva a una pregunta básica: sí, es cierto que celebramos y tenemos muchas costumbres que nacieron en otros países ¿Pero por qué hemos incorporado esas y no otras? ¿Por qué estamos celebrando el día de los muertos a la americana, y no a la mexicana o la nicaragüense, países con tradiciones tan ricas y diversas como el Halloween? La tabla rasa de la aceptación plena de todo ritual extranjero borra del mapa la necesaria observación sobre unas relaciones de dominación que contribuyen, a través del mercado, a impulsar ciertas celebraciones y estrictamente en cierto sentido. La falta de cuestionamientos, probablemente, responda al buen negocio que representa el Halloween, como toda fiesta importada del norte, cuyo sentido real termina siendo la compra de artículos varios relacionados con la festividad.

El camino inverso hacia el rescate de lo nacional

Una posible respuesta sería no atacar el Halloween, sino apropiarlo, transformarlo en un carnaval del día de los muertos donde el pueblo se convierta en su propio espectáculo, ocupe las calles y se reencuentre con su barrio. Luchar contra la hegemonía es usurparla, porque el poder más grande en el que se sostiene es la natural tendencia de la cultura a absorber según los contextos de interacción entre los pueblos. El nuestro está marcado por la penetración extranjera de los medios de comunicación, red extensa que vamos a ir deconstruyendo de a poco. Pero mientras tanto, la hegemonía es algo muy real que se combate con la apropiación y resignificación, al punto de que puede llegar a resucitar viejas tradiciones no muertas, pero sí enterradas. Vuelvo al principio, específicamente en dos puntos. Hay motivos de sobra para incorporar el Halloween a nuestras festividades, siempre y cuando lo apropiemos a nuestra manera. La fuerza de los medios de comunicación, cuando son hegemónicos, se puede utilizar en su contra si usamos su energía para impulsar nuestras propias formas dentro de sus rituales. Ellos seguirán imponiendo el Halloween, pero será nuestro día de los muertos, con nuestras figuras, nuestro encuentro en la calle o en la plaza, nuestra celebración de la vida en el inmenso cuerpo popular del carnaval. Nuestra venganza es resucitar en sus rituales, pero en nuestras formas (las que elijamos que sean).

 Esto requiere también un planteo no menos importante respecto de las figuras que los chicos pueden tomar para disfrazarse. Sí hay muchos monigotes verdes de Monster INC, es porque la industria argentina les debe a nuestros chicos unos buenos personajes de animación, con historias que involucren sus calles, paisajes y conflictos. ¿De qué se van a disfrazar los chicos si desde el territorio nacional les seguimos ofreciendo un indio estanciero y traidor a su pueblo, o la tropa de Hijitus en  Trulala, personajes atrasados en el tiempo que fueron pensados para un público infantil que ya no existe? ¿Qué culpa tiene el chico sí se disfraza de Ben 10, o Los increíbles, o los X-Men, si frente a la usina imparable de tiras animadas que produce la compañía norteamericana Cartoon Netwoork, las películas digitales de Pixar, los fantásticos dibujos futuristas de Marvel y DC, o los mangas Japoneses, les seguimos mostrando una tortuga que se fue a Pejuajo y un personaje arrabalero como Pucho que ya no tiene cabida en el mundo infantil, que ya no representa nada de su entorno?  Definitivamente, Oaky debe morir.

Hay que crear un mundo de personajes nuevos, nacionales, latinoamericanos,  que desplacen de las mentes infantiles los personajes extranjeros, no porque muchos de ellos no nos sean útiles (a decir verdad, muchos de ellos representan valores humanos excelentes, y muchos dibujos de Cartoon Network son increíblemente imaginativos), sino porque la manera de luchar contra la hegemonía no es prohibir una festividad (cuyo éxito, repito, tiene que ver con la capacidad tecnológica de las empresas extranjeras de llegar a cada televisor en el territorio, y sobre todo, a las grandes metrópolis del continente) si no ofrecer alternativas a la altura de la competencia con las cuales los chicos se puedan identificar.

@sborreani

www.poesiaensegundos.wordpress.com

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Natura al poder

La conciencia crítica en la vocación ecológica

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La vocación ecológica es una acción propia de quién puede adecuar su vida a las premisas básicas que involucran una relación de reconocimiento (y no de explotación) entre sujeto y medio. Pero la vocación ecológica no basta, no es suficiente, porque está situada en una forma mítica de pensar lo natural que expulsa la dimensión política de la lucha por el medio ambiente y reduce la acción colectiva a las modificaciones que el individuo puede hacer en su vida cotidiana para vivir más en armonía con la naturaleza deificada. Hay otro camino, que es aunar la vocación ecológica con la conciencia crítica, objetivar la relación entre sujeto y medio, y desde allí construir alternativas útiles y necesarias.

La esencia de lo natural está tanto en el hombre como en las plantas y los animales, y es la vida misma en la forma en la que se desarrolla en un movimiento propio, no artificial. Nacimiento, desarrollo y muerte, son compartidos por todos los seres vivos, que tienen un tiempo biológico sobre la tierra, a diferencia de lo no vivo que tiene una temporalidad distinta, infinita. Pero la relación entre el sujeto y el medio (la totalidad de lo que no es el hombre, y se constituye en su medio ambiente) es una relación de dos seres que a pesar de integrar el mismo ser, uno debe reconocer en el otro su supervivencia. La “naturaleza” no puede ser consciente de sí misma ni de su relación con el sujeto, simplemente “es” y el hombre la significa al punto de poder llamarla “naturaleza”.

El hombre siempre explotó su entorno para su supervivencia, siempre la naturaleza fue materia sensible capaz de ser explotada para proveer sustento, pero en la antigüedad las prácticas de las comunidades eran localizadas; los recursos eran para la vida no para que la inversión en una zona fuera redituable al consumarse como mercancía en otro punto del planeta, lo que desconectó la relación primaria basada en un reconocimiento del entorno como el hábitat que provee nuestra vida. La simbiosis entre naturaleza y sujeto nunca fue perfecta, pero se basaba en la cercanía geográfica. El avance del desarrollo tecnológico incremento el ritmo y la magnitud de la explotación de la naturaleza, teniendo como norte el recupero rápido de la ganancia invertida, lo que predispuso a la ciencia (como campo del conocimiento científico) a desarrollar nuevas técnicas con base únicamente en la disminución del tiempo de extracción y en el aumento de la escala de producción. Esto es el tecnocapitalismo, al que faltaría sumarle que las inversiones de capital ya no derivan de otras actividades productivas sino de inversiones puramente especulativas que se dan en los  países centrales y que después se colocan en la periferia. La inversión especulativa está definiendo hoy donde se gasta o no se gasta, en la cadena interminable y global de sus empresas, el dinero que genera el dinero, y por supuesto, los países emergentes son aquellos que ofrezcan “buenos oportunidades”, lo que en la maravillosa retórica del lenguaje empresarial se traduce en libertad de hacer y deshacer mientras se hace.

Salvar al hombre es salvar al hombre.

La ecología debe centrar sus esfuerzos en salvar al hombre salvando su ecosistema, pero con la intención de salvar al hombre para hacer su vida más confortable. No porque las plantas y los animales, los suelos, mares y cielos y la relación de mutua interdependencia entre ellos no merezca ser salvada, si no porque el hombre no puede negarse a sí mismo como fuerza activa que transforma el mundo, no puede correrse a un costado de la existencia para que lo natural retorne tranquilamente a su estado original. Sí la ecología desplaza la satisfacción humana por la seguridad de la vida animal, poco tiene que ofrecer al hombre frente a la seducción real del consumo capitalista, y además,  se convierte en una vocación reaccionaria que niega la vida misma.    

La vocación ecológica debe salir de la Isla, anclar en la relación real que se da entre sujeto y medio ambiente. Tiene que convertirse en conciencia reflexiva y crítica del mundo, pero para eso hay que conocer primero el mundo y proponer lo posible no lo ideal. Hay que dar respuestas a los sujetos reales que, aún si son afectados por la contaminación de los sistemas de explotación de los recursos naturales, también reciben múltiples gratificaciones y satisfacciones de necesidades básicas. Una barriga con hambre piensa poco en ser vegetariano, piensa más bien en comer lo que sea, carne o no carne, el tema es comer. Y este es un ejemplo extremo.

La defensa del medio ambiente es una defensa en pos de la vida humana, no en contra de ella, no en detrimento de la calidad de vida. El sujeto debe ser el centro de organización del ethos ecológico por dos razones. La primera es que el mercado satisface como ya dijimos, necesidades reales, entre ellas la oferta laboral. El mercado realmente da trabajo, esto no es ficticio, y el sujeto pertenece a la cultura del trabajo, de la explotación de la relación de dependencia. La industria privada juega con esa necesidad de la exclusión que clama por ser reabsorbida en la explotación, porque a pesar de todo, la explotación es posibilidad de consumo (por más marginal que sea, es uno o dos panes sobre la mesa). Lo segundo es que la vocación ecológica debe ser una usina de propuestas útiles. Con esto se quiere decir: que satisfagan demandas sociales reales, que sean opciones de remplazo realmente válidas de las propuestas del mercado. Es el desafío más importante que tiene por delante la vocación ecológica, y puede lograrlo en tanto se coloqué por fuera de un horizonte de preconceptos para trabajar con tres simples premisas. La vocación ecológica debe tener por principio la vida humana; sus propuestas deben ser útiles como propuestas de remplazo (útiles quiere decir eficientes, más eficientes que las propuestas del mercado capitalista); y por último deben ser necesarias (básicamente que respondan a una demanda real de una comunidad especifica)

Sebastian Borreani

@sborreani

Tercera Convergencia Permacultural en Parque Saavedra.

permacultura

Hoy estuve con la familia en un encuentro de Permacultura en Parque Saavedra del cual  participaron varias organizaciones. Muchas cosas positivas a destacar, sobre todo la ingeniería de sistemas ecológicos (realmente ecológicos) para varios usos como suplir energía, reutilización de desperdicios, agua potable, cocción de alimentos, etcétera. Todos estos sistemas utilizan elementos naturales no prefabricados ni de materiales sintéticos,  y se desarrollan en base a principios de colaboración entre el entorno natural y el ser humano.

Pensando en términos macroestructurales, creo que desde el estado se podrían superar muchos estereotipos de “economía hippie” y promover la aplicación de estos sistemas en zonas donde no hay redes eléctricas y de agua potable, y en zonas donde a pesar de haber redes, se quieran aplicar sistemas de suministro de servicios a bajo costo. Por supuesto, esto implicaría por parte de los ingenieros permacultores un sinceramiento sobre los defectos de los sistemas ecológicos frente a los no ecológicos o tradicionales, para poder mejorar con elementos tradicionales las limitaciones lógicas de sistemas que fueron pensados para suplir pequeñas unidades domésticas y no poblaciones masivas.
Además, también de parte de la cultura que promueve la permacultura, sería bueno una apertura que rompa con cierto cerco ideológico del todo o nada, donde además de promover la utilización de sistemas ecológicos también se quiere generar un cambio absoluto en todas las costumbres y hábitos de la población.

Una temática interesante para explorar, ampliamente recomendable para conocer un mundo nuevo de posibilidades en cuanto a sustentabilidad en base a nociones de ingeniería ecológica. Si se superan los estereotipos y los miedos hacia las actitudes y estéticas de los grupos que promueven la Permacultura, se puede llegar a conocer proyectos funcionales y económicos, además de su bien consabida cuota de respeto hacia el entorno natural. En la actualidad, es necesario un debate de la gestión estatal sobre sus proyectos de explotación de recursos naturales. Sin misticismo, por supuesto, y sin apuestas a todo o nada, una relación más sana y menos explotadora del entorno, pero eficiente, es una necesidad a resolver en beneficio de todos.

@sborreani

 

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“Videla Volvé”

18a

1# Da miedo ver al manifestación del 18A, verla realmente, caminar junto a esa gente que conoce poco de lógica discursiva. Los canticos y pancartas cargadas de violencia verbal, dedicadas al gobierno o a la presidenta, son un cuadro impresentable. No se puede reclamar justicia mientras se golpea a periodistas del staff del gobierno, no se puede reclamar diálogo mientras las consignas son “Andate con Chávez” o “Los vamos a colgar de la plaza de Mayo”. Eso lo sabemos todos, y aún así hay que guardar las apariencias de forma idiota con discursos que hablan de la no libertad de expresión mientras se lanzan amenazas de asesinatos o golpes de estado.

2# No hay contradicciones, la clase conserva es así de ridícula y avarienta. Creen en esas pancartas estúpidas que hacen, las conciliadoras y las que destilan odio, y van a manifestarse al Obelisco creyendo que engañan a alguien, y probablemente se engañen solo a sí mismas. Creen que su estabilidad económica está amenazada mientras levantan con pala el ingreso de sus campos o empresas, y que la culpa es de los planes trabajar. Siempre fueron así, y serán así, porque viven en un mundo de cuatro paredes donde está contenida su vida, su casa, su familia, como si vivieran desconectados de la sociedad, la cual como un todo, les permite ese brillante pasar económico. El modelo les da de comer, pero ellos quieren la vida a la que están acostumbrados desde siempre y si la argentina se pierde, si las masas sufren, ellos no registran nada, no ven, no oyen.

2# Hay gente confundida de una clase media egoísta que no entendió jamás que el individualismo es para los ricos, no para los medio pelo. Compran Clarín (como los oficialistas compran Tiempo Argentino), temen ser secuestrados por ovnis motochorros y todavía esperan que el gobierno de Cristina se muestre lo suficientemente socialista como para ir a quitarles el departamentito que tienen en el barrio de Balvanera, Almagro o Saavedra. ¡Hay que actuar, ya no podemos vivir así! Dicen mientras se gastan el sueldo de cuatro meses en un viaje a la costa con la familia. Creen que si venden poco, o les bajan el sueldo, o los precios aumentan, la culpa es de los vagos que reciben planes trabajar. Jamás vieron un dólar, o vieron muy pocos, pero salen a pedir que se permita comprar dólares a lo pabote, derecho que solo será aprovechado por gente tan pero tan alejada de su condición económica, que con mucho gusto subirían a la rama de un árbol y los cagarían en la cabeza por el simple placer de joder a una clase económicamente inferior.

3# Están los que se manifiestan porque cree en la crítica hacia el gobierno. Y es justificada su bronca porque la política a veces es de “o yo, o la tormenta”, y cuando ven que del lado de la salvación hay resabios del menemismo y corrupción, deciden equivocadamente marchar al lado de tipos despreciables y consignas cargadas de violencia. Para esa gente, que de corazón creen en lo que están haciendo y no se les puede recriminar tranza con el pasado, si se les puede pedir que no vayan a esas marchas orquestadas desde la derecha. Usen su juicio, su sentido común, cuando pasen por una vereda pintada que dice “Volvé Videla” o cuando vean que al lado suyo está caceroleando el Doctor Barreda, asesino confeso de su mujer e hijas a las cuales mató a escopetazos porque le rompían las pelotas. Esa gente no quiere lo mismo que ustedes, quieren represión, sangre, hambre para mucho y riqueza para pocos. Quieren el poder de partir una cabeza cuando se levante un poquito para poder mantenerla mirando hacia abajo mientras ellos saquean las riquezas del país, como hicieron siempre. Ellos saben bien lo que quieren y piden, no les importa un ápice las políticas de derechos humanos ni el asistencialismo del estado. Pero ustedes, si deciden marchar con ellos, se convierten automáticamente en voceros del odio. No tienen porque querer a este gobierno, al contrario, péguenle donde les duela con hechos e información pertinente de chanchullos, pero no con consignas estúpidas e incoherentes, mala leche y pedorras.

4# Este gobierno tiene un montón de fallas, y sobre todo, jugaron siempre a no ganar la Ciudad de Buenos Aires porque saben que acá los odian. Pero al contrario de lo que la gente cree, la actitud confrontativa del gobierno con grupos económicos con los cuales está peleado por el reparto de la torta (y con otros no lo está) es lo mejor que nos pudo pasar desde la época de la dictadura con el impresentable Martinez de Hoz, y luego con Alfonsín y Menem. Uno vuelve a la democracia, como país, cuando el conflicto se hace presente, cuando los grandes grupos combaten por el reparto del país y el estado se convierte en un contendiente más (con sus contradicciones, sus puntos oscuros, sus lados desagradables). Ahí nos enteramos de los trapitos sucios, los jóvenes entran en la política, vuelven a aparecer los conceptos sobre la sociedad, los pobres, el pueblo, la masa, la política económica, que creímos morir en las quemas de libros. Cuando la sociedad se enfrenta por intereses, estamos en democracia, luchando la política día a día. Dejen de pedir que el conflicto se termine, y pidan que cada día podamos discutir más y más sobre el destino de nuestro país porque no hay nada más sano para nuestra sociedad que sentarnos a discutir absolutamente todo. Un pueblo callado es un pueblo que no piensa, un clima de eterna cordialidad es una verdadera dictadura del pensamiento y la acción.

Derribando mitos: Historia del pueblo Argentino de Milciades Peña

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Los ensayos históricos pueden ser dos cosas. Versiones interesadas en pulir el falso bronce de los dioses del panteón nacional, o un intento sincero de aproximarse al entendimiento profundo de los hechos pasados y de los hombres que participaron de nuestra historia. Después se podrá decir si estos intentos sinceros fueron o no fructíferos, pero al menos la voluntad de basarse en cierta objetividad es ya todo un mérito que merece reconocimiento. El libro “Historia del Pueblo Argentino” de Milciades Peña, reeditado para nuestro goce por la editorial EMECÉ, es precisamente un clásico en esa línea.

En su libro,  Peña coloca sobre el escenario histórico figuras representativas de las diferentes facciones que luchaban por el poder después de la revolución de mayo ( y durante la misma) para demostrar la tesis principal del libro de que las oligarquías argentinas más poderosas de la incipiente nación (las que se encontraban en la ciudad y en la provincia de Buenos Aires) jamás quisieron ir más allá de su cómoda posición como terratenientes latifundistas o comerciantes de productos ingleses en el territorio nacional. Según el autor, todo proyecto de unificación territorial o de economía nacional era promovido y limitado en base al interés de sostener esta posición. Simple, terrible y decepcionante, pero es nuestra historia. Prácticamente desde la Revolución de Mayo, hasta la segunda presidencia de Roca, todos los gobiernos argentinos fueron pro ingleses y entreguistas, sólo que en progresión ascendente Rosas lo fue menos que Urquiza, Urquiza que Mitre, y Mitre menos que Juárez Celman (gobierno tan entreguista de la economía argentina que genera en la oligarquía el miedo a perderlo absolutamente todo, y vuelcan su apoyo a la revolución del 90 de Alem.) ¿Y Perón?  Perón tampoco se salva, y si bien se le reconoce el apoyo popular que supo ganar el General en base a cumplimiento con los reclamos postergados de la clase obrera argentina, también se le achaca de entendimientos con los ingleses y bonapartismo a la criolla.

Nuestros próceres tienen pies de barro, y si hay que señalar culpables, acusemos a esa historia berreta de escuela, de estampitas nacionalistas, que siempre nos vendieron el bronce pulido de los padres de la patria. Mal actual, mal de siempre, los argentinos vivimos de idolatría porque convertimos a los humanos en dioses. De eso no tiene la culpa Peña sino la lógica del interés (el de los grupos cercanos a tal o cual figura) o la ignorancia de los que hacen de todo una cuestión de fe. Y la objetividad histórica no tiene favoritos, si el historiador decide pararse críticamente frente a los hechos, tiene la obligación de mostrar al hombre en sus contradicciones, y en lo que respecta a la historia argentina, en sus tragedias y miserias típicas. Y vale decir, nuevamente, que en esto el libro de Peña se convierte en una gran herramienta para pensar nuestro presente. Figuras como Rosas, como Yrigoyen, como Perón, fueron sacralizadas o satanizadas según el interés en construir una u otra mitología, porque era y es fructífero para nuestras intenciones presentes hablar de héroes populares, pero no de seres humanos con intereses de clases, sumergidos en contradicciones históricas donde por una parte permanecen de pie, y al mismo tiempo avanzan hacia delante. Pero el panteón de héroes, la mitología reaccionaria, peronista, radical o de la izquierda bobalicona, será misión de los partidos de turno con interés en movilizar a la masa fomentando la obediencia ciega y eliminando el pensamiento crítico. Libros como los de Peña son todo lo contrario. Llaman a ver sin anteojeras a nuestros benefactores, y quizás en un futuro no muy lejano, la sociedad argentina evolucioné al punto de cambiar la obediencia ideológica por la libertad del pensamiento crítico frente a sus ídolos. Se aprovechará más la experiencia del pasado, de sus errores (interesados o no), para construir un futuro distinto plagado de errores nuevos, y no los mismos de siempre.

 

Comprar en coto, una experiencia desagradable

A veces mi mujer decide ir a coto porque la tarjeta le brinda un flor de descuento. Y a veces compra tantas cosas que necesita una mano que la ayude a llevar las bolsas, y por supuesto, yo soy la mano de obra no paga que tiene que llevarlas caminando a casa.  El problema es que odio ir a cualquier cadena de supermercados. No me gustan, me siento asfixiado. Todos tienen la misma política. Empleados mal pagos y súper explotados que brindan malos servicios, y consumidores insoportables que como ovejas, se agrupan en masa para comprar.

Nunca falta el cliente que verduguea al cajero nuevo, ni el cajero que es literalmente un pelotudo atómico o un reventado de tanto trabajar. O el agente de seguridad con rasgos del altiplano que persigue a todo aquel sujeto que presente los mismos rasgos faciales, o al menos sea de tez oscura, porque así se lo enseñaron en el curso de cuatro días para ser agente de seguridad de coto. Los imagino en un cuarto oscuro mirando diapositivas y a un instructor facho diciéndoles a un montón de sujetos de tez oscura “cuidado con los bolivianos, los peruanos, los paraguayos, en fin, todos los que parecen negritos”

Mil veces prefiero el local de barrio a la gran cadena de supermercados. Mil veces prefiero la tranquilidad de un local pequeño y artesanal, que la fría espacialidad de coto y sus inabarcables mercaderías. Ojala no fuéramos tan corderos, tan necesitados de estos mounstros empresariales a los cuales solo les importa facturar al menor costo de inversión posible.  No tiran una publicidad aquí o allá con tarjeta en mil cuotas y descuentos del 10 por ciento y salimos todos como ganado a pastar en los campos de coto sacrificando tiempo y tranquilidad.

No vayamos más, que se caguen cerrando como los Mac Donalds en Bolivia. Esos sí que tienen tradición, huevos y ovarios.

Musica inesperada

Me gusta toparme con armonías musicales especiales, con un no sé qué, en lugares extraños a la música; hablo de bandas del Under haciendo covers con un estilo particular que no se da en ninguna otra parte. Creo que me gusta porque ese momento, donde el oído despierta a la sensación de un sonido original, es irrepetible y probablemente efímero, ya que las bandas del Under así como se arman se desarman por mil motivos. Pero mientras suenan, son música única e irrepetible, de bajo presupuesto, para un público que no esperaba serlo y que en breve minutos se dispersará. En esta ocasión les presento uno de esos momentos irrepetibles que olvidarán rápidamente, pero que sabrán disfrutar mientras dure el éxtasis de lo no oído jamás. La banda toca regularmente en el subte de la línea b, se llaman Hacha y Machete, y por lo general tocan covers de son cubano y salsa con un arreglo de timbales más tumbadoras que queda excelente. Mi impresión es: un sonido mix entre reaggae y salsa que queda genial, al que le faltaría simplemente un mejor estudio donde grabar (poca cosa, ya que es lo que le falta a toda banda del under musical)

 

 

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El proxeneta tecnológico del verano 3.0

Un auto viaja por una ruta y pasa frente a un puesto de frutas. El vendedor, sentado a un costado de su mercadería, envía por celular el siguiente mensaje a los pobladores del balneario más cercano: “Ahí va el primero”, desatando una serie de sucesos que tienen como fin controlar las fuerzas humanas y de la naturaleza mediante el uso de tecnología celular. Dos secuencias a destacar:

1)      Un plano general presenta el interior de un departamento donde hermosas jovenzuelas, algo aburridas, descansan sobre un sillón. Un joven con el look estilista moderno,  les muestra una foto en su celular de una chica vestida de rojo y les dice “En 15 las quiero así”  corren a cambiarse, se ponen radiantes y se preparan para salir.

2)      Un plano detalle presenta la pantalla de un celular donde se lee “Manden chicas”. Acto seguido, una camioneta llega a un balnerario, y bajan un montón de señoritas en maya, mostrando sus jóvenes cuerpos y en actitud de jolgorio.

La publicidad pertenece al Grupo Claro y se llama Verano 3.0. La realización estuvo a cargo de Euro RSCG, producción Salado Films, con dirección de Cali Ameglio.

¿En que convierte la publicidad al cuerpo femenino?

El discurso tiende a una organización de sus elementos, en la cual les otorga un sentido particular en base a los fines narrativos y a la función social del género (en este caso la publicidad). Toda ficción reduce la capacidad infinita de sentido de un cuerpo humano a la necesidad de lo que debe ser y significar en función del desarrollo lineal de la trama. El problema es, que esta condición, suele ser la puerta de entrada de los estereotipos sobre el género femenino o masculino cuando se los presenta en la pantalla. El cuerpo femenino se convierte en soporte de una significación especial: pierde su entidad como sujeto y se convierte en objeto sexual al servicio de los caprichos del hombre. Cuando aparece en escena, el elemento que se exhibe y se potencia es la belleza, y la única performance permitida es la de la seducción o el ridículo cuando toma la palabra.

Las productoras de programas de entretenimiento y las agencias de publicidad, quieren convencernos de que la exposición del cuerpo femenino es sinónimo de igualdad, o por lo menos, transgresión artística original que rompe tabúes e instala nuevas tendencias. Pero la mujer objeto, cuyo único fin es mostrar sus piernas, su culo y sus tetas para provocar y excitar al hombre, no se ajusta a los requisitos de una afirmación positiva de la sexualidad femenina. Es un estereotipo antiguo, conservador y reaccionario, que reduce la condición femenina a una fantasía machista, donde la mujer es sólo sumisión de los caprichos del hombre.

Siguiendo la lógica del verano 3.0 de Claro, la mujer es reducida a una función y como tal, a la condición de objeto que desarrolla esa función: soporte de la belleza y de la provocación sexual en relación con los deseos del hombre. La tecnología en telecomunicaciones, que al fin y al cabo es lo que la publicidad está intentando colocar como producto, es el instrumento cuasi mágico que  prepara a las chicas y las trae a la fiesta. Una especie de proxeneta futurista que consigue mujeres hermosas y predispuestas, cual si fueran cervezas, de manera inmediata. Como la tecnología es ese poder increíble que lo maneja todo ¿Por qué no pedirle mujeres para nuestra satisfacción sexual?  El mensaje “manden chicas” va dirigido a Dios, y  en esta historia, Dios es la tecnología que envía una camioneta repleta de mujeres predispuestas a la fiesta. La publicidad expresa, cuando presenta el cuerpo femenino, la esencia del negocio de la prostitución como fantasía estereotipada del deseo sexual: la posibilidad de convertir a la mujer en un objeto.

Viajar en colectivo: un boleto hacia el abuso sexual según Yamaha Motors.

Una parada de colectivo y una fila de tres personas esperando el colectivo. Un plano general, que se convertirá en plano secuencia, muestra a una mujer joven, rubia, vestida de rojo y calzas negras; le sigue hacia atrás una señora mayor y un joven de camisa verde  que no deja de mirar el trasero prominente de la muchacha en un estado de desesperación sexual. La estética del corto se compone de una ambientación de la ciudad en madera donde se pueden ver bancos de plaza, fondo de casas, calles y un colectivo que llega a la parada; más una música alegre que se escucha durante cuarenta y siete segundos.

Primera situación: Llega el colectivo repleto de gente. La chica duda, pero la mujer mayor la empuja y la obliga a subir. Atraviesa un mar de gente e intenta sentarse. Un joven le gana de mano, toma el asiento, ella no lo nota y se deja caer sobre sus piernas. Se levanta sorprendida, el muchacho la mira con sonrisa picara, gira su cabeza hacia la ventana y pierde la mirada.

Segunda situación: ahora viaja de pie, detrás está el joven de la parada. Se tira encima y no guarda una distancia prudente. La está acosando, tocando, ella está incómoda pero atrapada por la gente.

Tercera situación: la joven se desplaza hacia la puerta trasera, baja y sorpresa: ¡está embarazada! Detrás, el mismo muchacho de la parada, el de camisa verde, la mira con cara de “que mosquita muerta”. La muchacha se mira la panza, mira hacia la cámara y alza los brazos apelando al famoso gesto “qué más da”  y luego se retira despreocupada por el margen izquierdo de la pantalla.

Esta publicidad se llama “Colectivo” y se proyectó el sábado pasado antes de una película en el Village de Recoleta. Pertenece a una campaña de Yamaha Motors Argentina en medios gráficos, radio, vía pública y por supuesto, en redes sociales como Facebook y Youtube.

No me quiero reír del abuso sexual


Es común en el discurso publicitario, que la imagen de la mujer se construya como objeto de los deseos del hombre; como máquina estúpida de la limpieza o mujer miedosa de la perdida de la belleza y el envejecimiento. La publicidad transforma los cuerpos de los sujetos en imágenes del deseo humano en relación con un producto o servicio para vender la idea de efectividad absoluta. La mujer representa lo que podríamos ser, o tener, si consumimos tal o cual mercancía de tal o cual marca, y para convencernos, utiliza la exageración y la emotividad para presentar lo que vende como lo único que sirve y da resultados. El sujeto que interpreta el discurso publicitario no es ni tonto o estúpido, no cree literalmente en las sugerencias publicitarias, incluso se sabe engañado, pero la estética y la narrativa de la publicidad, en sus formas particulares,  graba la marca del producto en la mente de los sujetos

El problema es cuando se decide utilizar en una campaña, temáticas que están ligadas a cuestiones sociales controvertidas, cuyo desarrollo debe guardar una estricta relación con el respeto a los derechos del ser humano; también cuando se los expone como elementos de una narración cómica, con la simple intención de vender un producto o servicio. En este tipo de circunstancias, el discurso publicitario desarrolla una opinión sobre un tema espinoso, y como lo simplifica hasta el punto de convertirlo en un motivo cómico de un sketch televisivo, lo único que puede expresar es una opinión reaccionaria o estúpida que termina por naturalizar la cuestión. Hay temáticas que pueden ser tratadas de forma cómica, y cuando adquieren un carácter crítico, el discurso se convierte en sátira. Pero otros, necesitan de cierta seriedad por respeto hacia lo que se presenta como conflictivo en su relación con las problemáticas sociales.  Lo serio no puede convertirse en cómico porque no es un procedimiento inocente: naturaliza lo que no debe naturalizarse.

Yamaha utiliza el tema del abuso sexual en espacios públicos como recurso para convencer a clientes potenciales de los beneficios de comprar un ciclomotor. Un hecho repudiable por donde se lo mire, se convierte en motivo de burla, se naturaliza, y cuando nos damos cuenta nos estamos riendo de una violación. Es cierto que el discurso publicitario necesita de simplicidad y juego de exageraciones, pero por sus limitaciones naturales hay temáticas que no debe representar de manera irresponsable. El miedo al acoso como recurso para vender confort vehicular, tiene que ser un límite. No es cómica la posibilidad de que una mujer sea abusada en un transporte público; es increíble que una empresa desarrolle una publicidad semejante y surrealista que haya gente que considere original este tipo de aberraciones.

Sebastian Borreani.
https://poesiaensegundos.wordpress.com/

sborreani@hotmail.com.ar

El regreso a la fuente

La semana pasada asistí a un ciclo de cine en el barrio de once y me topé con una vieja película que tuve la suerte de ver por primera vez en la facultad de Ciencias de la Comunicación en un evento que organizaba la agrupación Clave Roja. La película era “Ojo por ojo”, dirigida por Marin Karmitz, Haciendo un resumen rápido de la película, todo ocurre dos años después del mayo francés, y gira en torno a la toma y ocupación de una fabrica textil por parte de sus costureras. Sigue leyendo