En el abismo

Hay que descender a lo más profundo del abismo y ahí reposar, sobre fino lecho de rosas, sobre las profundas agujas de espinas. Dormir el sueño dulce sobre las agujas. Aliviar el peso del alma, sentirse entre algodones sobre las agujas.

Y en el eco profundo en la oscuridad siniestra, se oye el jadeo aterrador de la bestia en el espejo. Hierve su sangre, ciegos sus ojos, sus músculos se tensan, se hinchan las venas de su torso infinito.

Ha sido descubierta y brama violenta haciendo temblar las paredes del abismo. La oscuridad se dobla quiere estallar en mil cristales filosos. Se dobla absurdamente, se tuerce sobre sí misma en infinito espiral solo para retornar y erguirse cual muralla nuevamente.

Y hay que bailar mientras se tuerce el abismo, bailar en la boca de la bestia. Sobre su lengua húmeda y venenosa, entre sus dientes ruinosos y el aliento a muerte. Llegar al éxtasis de la locura rítmica hasta deshacer en pedazos el ritmo y no ser más que estelas luminosas cortando la oscuridad. Y luego caer, dormir nuevamente en lecho de rosas en la cómoda profundidad de las agujas.

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Mujer de cristal

Mujer de cristal,
la luna guarda tu despertar.
Y entre fogatas de almohadas,
revive la aurora del día,
la suavidad del suspiro,
la redondez de tus pupilas.

Una estrecha llaga de luz
perfora mis párpados,
y deja al descubierto
la gloria de tu piel desnuda.
Mujer de cristal
aleación de acero,
Tu cuerpo es altar
que enmudece los cielos.

SENTADO SOBRE LOS MUERTOS de Miguel Hernández

Sentado sobre los muertos
que se han callado en dos meses,
beso zapatos vacíos
y empuño rabiosamente
la mano del corazón
y el alma que lo sostiene.

Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre.

Acércate a mi clamor,
pueblo de mi misma leche,
árbol que con tus raíces
encarcelado me tienes,
que aquí estoy yo para amarte
y estoy para defenderte
con la sangre y con la boca
como dos fusiles fieles.

Si yo salí de la tierra,
si yo he nacido de un vientre
desdichado y con pobreza,
no fue sino para hacerme
ruiseñor de las desdichas,
eco de la mala suerte,
y cantar y repetir
a quien escucharme debe
cuanto a penas, cuanto a pobres,
cuanto a tierra se refiere.

Ayer amaneció el pueblo
desnudo y sin qué comer,
y el día de hoy amanece
justamente aborrascado
y sangriento justamente.
En su mano los fusiles
leones quieren volverse:
para acabar con las fieras
que lo han sido tantas veces.

Aunque le faltan las armas,
pueblo de cien mil poderes,
no desfallezcan tus huesos,
castiga a quien te malhiere
mientras que te queden puños,
uñas, saliva, y te queden
corazón, entrañas, tripas,
cosas de varón y dientes.
Bravo como el viento bravo,
leve como el aire leve,
asesina al que asesina,
aborrece al que aborrece
la paz de tu corazón
y el vientre de tus mujeres.
No te hieran por la espalda,
vive cara a cara y muere
con el pecho ante las balas,
ancho como las paredes.

Canto con la voz de luto,
pueblo de mí, por tus héroes:
tus ansias como las mías,
tus desventuras que tienen
del mismo metal el llanto,
las penas del mismo temple,
y de la misma madera
tu pensamiento y mi frente,
tu corazón y mi sangre,
tu dolor y mis laureles.
Antemuro de la nada
esta vida me parece.

Aquí estoy para vivir
mientras el alma me suene,
y aquí estoy para morir,
cuando la hora me llegue,
en los veneros del pueblo
desde ahora y desde siempre.
Varios tragos es la vida
y un solo trago es la muerte.

Escribir

La brasa que mantiene vivo el día, que alimenta el apetito voraz del monarca de los cielos, comienza a agotarse. En fino tapiz, medio oscuro, medio cielo de nubes, se divisan ya los tonos naranjas del anochecer.

Llega entonces, como la muerte en los caminos a los viajantes sin suerte, el impulso insoportable de escribir. Así, de repente, irrumpe en el pecho ante la imagen agobiante del horizonte que se apaga. Todo nace así, río arriba por las venas, ancla en el corazón el sentimiento convirtiéndose en metáfora.

Hay razones, aquí o allá, pero nada es importante. Todo está ahí, en ese momento, donde escribir es un impulso tan viejo, tan instintivo como el terror incomprensible a la oscuridad absoluta.

Se apaga entonces el sol, y el silencio es susurro aterciopelado de la noche. Habla con voz seductora, convincente, de los secretos prohibidos y luego escapa hacia la impenetrable selva del olvido. Manto oscuro la cobija, cielo negro la proteje.

Tan hermosa, tan todo. Poco hay frente a ella, borra los restos de humanidad, frágil ante su presencia.

Se escribe, si se escribe, para existir frente a tanta belleza. Así de horrendos, de imperdonables, gritamos desesperados mientras señalamos lo maravilloso como si nos fuera cercano, como si haciendo tal cosa pudiéramos pertenecer a lo infinito.

Piedra

Solamente tienes tus huesos y tu carne
contra el mazo de fuerte acero que intenta doblegarte,
partirte en dos hasta descubrir las entrañas.

No importa, no necesitas más.
Aún frente a las hordas más imponentes,
frente a la hora fatal, de cara a la realidad,
arrojarás sobre la tormenta la saliva de tu cuerpo desnudo.
No tienes más, no necesitas más.

Uñas y carnes, sangre y venas.
Si falla el valor, si te abandonan las fuerzas,
correrás como un loco hacía la furia para romperte en ella
con cada dedo, pestaña, cabello.
Siempre tendrás eso.

Si tu cabeza ya no puede pensar,
la ofrecerás como se da la piedra a la honda
para que atraviese el cielo y reviente contra la muralla.
Si tus brazos se endurecen por el miedo que les recorre,
los usaras como si fueran troncos de gruesa madera
para golpear sin piedad el escudo
hasta que la carne se desprenda.
Y aún así, seguirás golpeando con tus huesos
hasta que se conviertan en polvo que sacuda el viento.

Pasarán a través de ti, abrirán huecos en tu carne
Pero no moverás un solo pie.
La vida es algo que cualquier animal puede tomar,
pero la voluntad de ser una piedra frente al odio
es bandera que nadie puede robar.

Te  abandonarán las fuerzas, el valor,
la capacidad, la habilidad,
pero debajo de todo eso
quedará tu cuerpo desnudo.
Tan desnudo como vino al mundo,
así también se irá.

Dolor

A veces uno quisiera ser árbol o gato
cualquier cosa menos humano
Piedra, hoja en el suelo
No lo se
¿Muerte quizás?
Pero muerte en el medio de la vida
Algo inerte que forme parte de todo
Pero que no lo toque jamás.

Lo intangible, lo etéreo
Sueño maravilloso de quien sufre la existencia

Ser nada en el medio de todo,
pero la vida no es eso
La vida es ser y sufrir
Mil veces sufrir el ser
Subir y bajar la montana
Y llevar en el corazón
el dolor Insoportable del peso de las rocas
Sufrir es una proclama
Un manifiesto frente a las circunstancias
Un grito de furia, un llamado de atención que nos afirma en la existencia

El dolor es una señal
de que a pesar de todo,
nos obstinamos por estar ahí
En el medio de todo
Y la vida duele porque es maravillosa
Porque nos da la oportunidad de escupirle la cara
cada vez que nos desafía a probar que existimos
en el medio de todo y a pesar de todo.
Vivir, sufrir, a veces morir. No puede, no debe, ser distinto.
Somos más que el árbol, que la roca desnuda
Somos locura viva, delirio que mira el fuego con ojos desorbitados.
Eso es lo humano.

Criatura de mis entrañas.

Hoy reposas en el vientre de tu madre.

criatura de mis entrañas

ajena al mundo, tranquila

en tu minúscula visión de la vida.

 

Me colma de felicidad que estés allí

madurando en el árbol de la vida

dispuesto a ser fruto del futuro.

Promesa de un quizás y certeza de lo maravilloso

todavía no llegas, pero llegarás.

 

Y cuando preguntes ¿Porque?,

con ojos grandes de cristal

con boquita abierta de porcelana.

Sabré que contestarte hijo mío.

No estaré en falta.
¿Por qué no?

¿El árbol es más árbol

si fue plantado o nació en el bosque,

si su llamado a la vida fue premeditado o azaroso?

¿Es la luz de la habitación, manufactura de los hombres

más resplandeciente y luminosa

que la luz del sol que calentará tu frente?

 

No te engañes hijo, no te dejés engañar

por las despreciables ilusiones de los hipócritas.

De hijos se riega el mundo como se riega un jardín

porque la vida es una flor hermosa que se abre

de cara al mundo frente a la infamia.

 

No creas en los motivos,

porque eres causa suficiente

del amor, del vientre de tu madre.

Si allí había espacio,

¿Por que no llenarlo?

Si al mundo viene otra risa

¿Por qué negarla?

Eres promesa de vida

que se levanta frente al odio.

Ráfaga de algodón

que se adentra en zonas oscuras.

 

Deja ahora que pose mi rostro

sobre la panza de tu madre

hinchada, redonda y hermosa

Deja que duerma la hora fatal,

con suave murmullo

fingiendo seguridad de padre

 

Aunque me muera de miedo

y tiemble con solo pensarte

Tan frágil, tan necesitado

entre mis brazos,

¿Sabré cuidarte?

escucha…

 

Cuando llegues entenderás

criatura de mis adentros

no hay más razón para traerte

que tu respiración sobre mi pecho.

 

Cuando llegues verás,

suave murmullo de lo eterno

si te traigo al mundo es porque falta

tu risa burlándose del infierno.

 

Tan frágil, tan poderoso

No hay más que decir

el mundo es un lugar hermoso

porque vas a nacer aquí.

Vociferar

Que fácil es subirse al viento
que cualquiera cabalga sobre su lomo
proyectando hacia la vida
el sonido antes dormido.

Y  allí va la palabra
cargada de centellas negras
con vuelo de flecha altanera
lleva los juicios y prejuicios del obtuso

Qué fácil es mover las partículas del aire
desplazar con la lengua el viento
y arremeter con furia
contra el espíritu ajeno.

Más difícil es mirar hacia adentro
revolver con la cuchara interna el sentimiento
encontrar el espejo del alma
y callar primero, para escuchar los versos.

Irreversible

Miro el reloj desvanecerse en la pared de color amarillo gastado del Cafe Vivaldi. En Santiago del Estero y Carlos Calvo, la joven moza de musculosa verde, firmes curvas, pechos pequeños y mirada perdida en el horizonte, irrumpe sobre mi mesa con el común café de todos los martes y ocasionalmente los jueves. Vuelvo a mirar en la pared y en la pantalla de mi celular. No quedan rastros de dígitos o manecillas delatoras de un tiempo que desaparece entre horas que agonizan despacio,  sin apuro por morir, sin apuro por partir. Sigue leyendo

Soldado es…

Un soldado es un hombre que puede llegar a tu casa un día. Soleados o nublados, esos días existen.

Golpeará tu puerta, recordará la niñez, se sentará en tu mesa y partirá el pan con sus manos para darte un pedazo.

Luego se despedirá con lágrimas en los ojos, y se irá por donde vino.

Un soldado es un hombre que puede regresar al día siguiente.

Ventosos o fríos, esos días son oscuros.

Pateará tu puerta, no te recordará.

Partirá tu cabeza para darle un pedazo de tu humanidad al juez.

Luego te despedirá de este mundo con un sendo escupitajo y se irá por donde vino.

Por eso no me llames soldado.

Orden ciega de matar, al bueno como al malo

al santo o al pecador.

Soldado se le llama a la bestia sin cerebro ni corazón